viernes, 3 de julio de 2015

A03W04. Forever in my heart.

Kafka, tal día como hoy, hace unos cuantos años atrás, sobre 1883, llegó tu nacimiento. Y quizá por ese mismo motivo hoy debería de haber sido un día de celebración en tu honor, pero no. No.
No puedo estar feliz por ti, cariño. Realmente, se me hace imposible.

3 de Julio, 2015

Despertar con la poca luz que se reflejaba desde la más profunda niebla en la ventana y pensar "vaya, que día más feo", sin tener en cuenta en qué fecha nos encontrábamos, sin tenerte en cuenta a ti. 
Salir, salir y contemplar la realidad, el sufrimiento y el dolor de seres humanos que aún siendo más grandes o más pequeños que nosotros mismos, nos hacen ver que no todo es color de rosa, que no todas las vidas son "vidas de cuento". Que ese asqueroso sentimiento más conocido como "sufrimiento" o "dolor", es capaz de alcanzar a cualquiera, y a cualquier edad. Sin piedad, hasta apoderarse de aquella posible "felicidad" de la cual se debería de disfrutar. Y es que, realmente de nada sirven los "tranquilo, no es nada, ahora te atienden" o los "ya va a pasar el dolor, no llores", no sirven en absoluto, pero claro, qué va a decir aquella persona que tienes al lado, la cual, probablemente no se haga ni la más mínima idea de lo que estas sintiendo por dentro. Solamente puede limitarse a esas típicas frases que lo único que hacen es aumentar ese horrible sentimiento. No obstante, lo más gracioso es que hasta que no comprueban la verdadera gravedad de la situación, no hacen nada serio al respecto para intentar encontrar una solución que acabe con el enemigo.
Además... ¿Miedo? ¿Miedo a qué? Especifica. ¿A lo desconocido? Ni mucho menos. Quizá yo lo clasificaría mejor en el concepto de 'incertidumbre'. Aunque en el fondo, no es algo que me preocupe, sobre todo porque esto es algo que llevo deseando desde que mis pies retomaron el contacto con estas tierras costeras a las cuales no les tengo mucho aprecio. De hecho, tengo que decir que lo más importante de hoy ha sido que he reafirmado el hecho de que odio las despedidas, muchísimo, pero odio aún más no poder despedirme de todas aquellas personas a las que realmente quiero y les tengo aprecio. Y hoy, mi querido Franz, no me he podido despedir de cierto ser que se tenía ganado mi corazón al completo. Ni hoy, ni ayer, ni mañana. Simplemente no podré. No sé que es peor, si despedirme o no. Supongo que se sufre igual, pero ya van tres veces. Tres veces tropezando con el mismo karma, más el futuro karma de mañana que alcanzará mi número favorito. 
Lo que más me molesta es que siempre, siempre, es la misma historia. Aunque esta vez, clarísimamente no ha sido a cosa hecha y lo entiendo, pero eso no me evita el dolor que puedo llegar a sentir. No evita que en estos momentos no sean unas manos las que escriban estas líneas sino un corazón, herido. 

Me quedan tantas cosas por decir que, sinceramente, es preferible no decir absolutamente nada más, porque no había nada que hacer. Una vez más, toca vivir del recuerdo. Otro recuerdo más para la colección.

Nunca os olvidaré.

Pd: Dos mil quince, te estás luciendo.

jueves, 18 de junio de 2015

Alea iacta est.

Libertad. ¿Cómo puedes ser tan bonita? Tu belleza te ha impulsado a hacerte de rogar, y sé que por ello, has tardado tanto en llegar. No obstante, ya estás aquí. Junto a mi. Te prohíbo que te vuelvas a ir de mi lado, así, tan de repente. Te prohíbo abandonarme para dejarme caer en las manos de una presión que acabe absorbiendo todo lo poco que queda de mi vida como hasta ahora ha ocurrido en estas dos horribles, insufribles y tediosas semanas. Tu ausencia me ha enseñado a conocer tan sólo un poco más la hipocresía de esta absurda sociedad. Me ha enseñado a valorarte, tal vez aún más de lo que ya lo hacía. Y aún así tú no venías. Pero ya estás aquí, y no te pienso dejar ir. Nunca, nunca más. Libertad, tengo que reconocer que quizá tu carencia en mi durante todos y cada uno de estos días hayan sido en vano, quizá todas esas veces en las que te he añorado y no has llegado hayan sido inútiles. Inútiles, como tu huida. Llámame dramática o exagerada, pero ahora que has regresado y te he abrazado con los brazos bien abiertos no te pienso soltar. Eres mía, sólo mía, mi apreciada libertad. 

¡Cuánto te estoy disfrutando y cuánto te he echado de menos!

Tu repentina manifestación el día dieciocho de junio de dos mil quince a las dos y media de la tarde me ha inyectado un subidón de adrenalina e inspiración y es exactamente por ese mismo motivo por el que esta entrada te la dedico a ti, sólo a ti, desde el fondo de mi corazón.
Sé que soy una egoísta por dudar en que alguien haya podido llegar a comprender lo realmente mal que me ha sentado estar en manos de la desesperación, la soledad, el aislamiento y la obligación. Y sí, es completamente cierto y soy consciente de que en todo este tiempo no he sido la única persona en el mundo a la que has decidido desamparar, pero yo te he sentido muy, muy distante. Demasiado distante. Evidentemente siento que todo ha cambiado de alguna u otra manera y lo he acabado aceptando, como siempre. ¿Qué quedaba? Por lo que se ve, nada. No obstante he de decirte y, en parte, reprocharte, que no sólo yo he sido la única egoísta aquí. Que tú lo has sido aún más que nadie, porque sólo has pensado en ti. Te has querido asemejar a la realidad del ser humano, ese ser que sólo apuesta por él y no piensa nada más que en sí, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás. Es posible que tal vez siempre hayas sido así y que hasta ahora no me haya dado cuenta. Mas, pese a todo, contigo no puedo enfadarme. Claro que me ha molestado, me ha molestado tanto porque te has empeñado en hacerme ansiarte en este gran mundo de caos, me has hecho aborrecer tanto los folios de papel en blanco como los folios de papel caracterizados por millones de palabras impresas a la vez, los bolígrafos bic azules, y sobre todo me has distanciado de aquella perfecta relación con el amor de mi vida, mi cama. Por todo esto y más... ¿Sabes? No quiero que te vuelvas a marchar, y aunque sé que lo harás pienso aprovecharte al máximo, como si no hubiera un "mañana". Más que nada porque te fuiste sin decir adiós, y eso no te lo perdono. Ni siquiera me dejaste en el refrigerador la típica nota de decoración en la que me proporcionabas la fecha de tu regreso, "18". Ese numero tan perfecto y que se encuentra tan lleno de tristes recuerdos. 


Me rehúso a pensar en toda la fatalidad que me has hecho expulsar durante estos tres días, lo hecho, hecho está. Aunque ya sabes, sabes perfectamente que la mala suerte siempre me ha acompañado y esta vez, no iba a ser menos. Intento pensar que lo has hecho por mi bien pero, lo siento, no ha servido para nada. Solo ha servido para alimentar a todas estas quejas que se encontraban guardadas para ti. Porque ya conoces mi faceta quejica. Esa que, por mucho que lo intente, nunca me abandonará. 
¿Y qué más? Ah, sí. Tengo que darte algo, a ti, que has sido la única que lo ha hecho después de todo: Gracias por regresar. Mi adorada libertad. A pesar de todos estos reproches, hoy me has hecho extremadamente feliz, y ese sentimiento de sentirme completamente libre y realizada solamente me lo podías proporcionar tú. Tú, y nadie más. Así que quédate conmigo, y los demás...

lunes, 11 de mayo de 2015

Lunes, once de mayo de dos mil quince.

Querido Tom, hoy hemos cerrado otro capitulo más en la historia nuestra vida. Tal vez te preguntes por qué hoy, precisamente hoy, lunes once de mayo de dos mil quince te estoy escribiendo todo esto, pues bien, 
es simple: no existe un por qué.
Contigo hemos concluido un largo curso en apariencia pero ameno en vivencia, desde los más profundos y rebuscados adulterios, pasando por el inevitable camino del control del destino que nunca llegaremos a tener, recorriendo las sendas de la naturaleza de la mano de nuestro joven Werther, hasta el punto de llegar a las profundidades en las que se cae por la adicción al juego y a la ruleta junto a nuestro amigo Alexis, no sin después realizar un largo y encantador paseo por París interpretando el papel de flâneur (sí "papel", para que me entiendas, ya sabes, mi apreciado Tom,  siento decírtelo pero nadie mejor que yo podría haber interpretado ese papel. Ni siquiera tú, que pese a tu excelente actuación sobre la persona de Dickie, estoy segura de que no aguantarías ni por tan sólo un instante la tentación de acabar con la vida de aquél pobre señor que se encuentra sentado sobre el antiguo banco de la pequeña plaza contemplando el pasar de los numerosos parisienses que componen París mientras se encarga de alimentar a todas las palomas que se postran en su suelo). 
¿Y cuál es el mejor remedio para descansar tras un largo, entretenido e intenso paseo por toda la ciudad? Pues verás: dejar de trabajar. Aunque qué sabrás tú de trabajo si te tocó la lotería aquella noche en la que el señor Greenleaf te acechó para pedirte el favor de traer de vuelta a los Estados Unidos a su hijo Dickie... No obstante, ¿qué mejor manera para dejar de trabajar -te preguntarás en el hipotético caso de que lo hicieras- he de utilizar? Nada más y nada menos que rezar para que el destino y la vida te decidan transformar en un monstruoso insecto que te consiga alejar hasta de tu jefe el cual probablemente se plantee enviar a un especial acomodador para comprobar si todas tus excusas son ciertas, y el cual al verte y no creerte saliera por patas (las mismas que él no tiene y que tú, si) de tu gran, lujosa y poco acogedora casa...
Entiendo que el hecho de convertirte en insecto no sea uno de tus más preciados deseos, todo lo contrario, acabarías aún más desintegrado de la sociedad y el haber asesinado a Dickie te sería en vano, además ¿cómo podrías poner en marcha otro crimen junto a tu nuevo aspecto? Te sería casi imposible, pero ya te las arreglarías tu solito para cometerlo y no me cabe la menor duda de ello.
Tom, realmente no se si esto es un adiós o un hasta luego, no lo sé. Le he preguntado a Julieta pero la pobre está triste por su Romeo y no puede entrar a razonar debidamente la situación. Me ha mandado a preguntar a las chicas del Decamerón, sin embargo no creo que sus opiniones me sean de mucha ayuda por lo que recurriré a mi gran amigo Werther. Otro emo más con el que me dedicaría a pasear bajo los grandes tilos que dan sombra a la calle mientras nos contamos nuestras penas, pero piénsalo, Tom... seríamos un peligro, acabaríamos planeando un viaje (y no en barca) en el que decidiríamos dispararnos el uno al otro por el asco de realidad, una realidad que nos ha absorbido y que no hemos conseguido evadir cual Baudelaire pese al intento. 
"Sal a jugar, reúnete con Alexis y la babulinka de Polina, con ellos estarás a salvo, pero claro, sólo si con "a salvo" te refieres a dejarte hundir en la miseria tras perderlo todo, absolutamente todo lo poco que te queda sin esperar un milagro". Venga ya, Tom... ¿Cómo puedes decirme eso? Que tú no seas capaz de sentir nada, no significa que los demás no tengamos sentimientos, no me arrojes a mi propia perdición, no acabes con lo poco que queda de mi. 
Visto el panorama... Creo que sólo me queda convertirme en un monstruoso insecto -si es que no lo soy ya-, o seguir todas tus acciones, paso por paso. 
Dime Tom, ven y aclárame la respuesta, qué es mejor: ¿ser destruido o destruir?
Espera. No hace falta que digas nada más.
Ni siquiera te esfuerces en pensar el argumento para tu evidente respuesta.
Ya que con tus últimas acciones me has respondido.
Y con tu mirada me lo has ratificado.


sábado, 18 de abril de 2015

La trágica transformación de Gregor Samsa.

Cuando Gregor Samsa despertó una mañana tras un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Esa misma mañana fue incapaz de recordar algo sobre su pasada vida, algún dato o vivencia que le llevara a comprender el por qué de esa apariencia incontrolable y tan detestable a ojos de los demás. Lo único que recordaba eran las dos últimas semanas anteriores a su transformación que componían un papel primordial en su circuito neuronal, o al menos eso era lo que creía el joven Gregor.
Debido al sueño intranquilo que le acechó esa misma noche por cortesía de Morfeo, se desveló en mitad de la madrugada y, en el silencio, pudo notar cómo estaba tendido sobre un sólido y firme caparazón que le rodeaba completamente y del cual no se podía desprender pese a los numerosos intentos realizados y fallidos. Su primer pensamiento al abrir los ojos y contemplar la oscuridad repartida por la pequeña habitación en la que se encontraba, fue que aún seguía durmiendo, que había despertado de la horrible pesadilla y que en ese momento se hallaba dentro de otra. Pero no fue así. 
Gregor en lo más profundo de su interior notaba que algo extraño había ocurrido, sabía que a partir de ese día nada volvería a ser igual. Sin embargo, no lo quería aceptar. Necesitaba intentar descifrar un por qué, ansiaba llegar a una conclusión, pero lo que sin duda más deseaba en ese preciso momento era poder conocer qué hora era. Para ello, alzó una de sus pequeñas patas en las que se supone que estaría el reloj, un reloj que siempre llevaba en su mano izquierda. Lo que no imaginó fue que debido al disminuido grosor de su pata comparado frente al grosor de su anterior brazo, el reloj había caído al suelo. La situación le llenó de ira, comenzó a desesperarse y a sentirse incómodo, por lo que decidió levantarse de esa cama en la que se encontraba postrado como si de un Jesucristo crucificado se tratase.
Comprendió que le iba a ser casi imposible el elevarse para ponerse en pie de la misma forma en la que lo había hecho hasta el momento según sus recuerdos, así que se balanceó de un lado a otro como buenamente pudo hasta que cayó al suelo cual gato en pie, pero a seis patas. Causó un gran estrépito con su caída y para su sorpresa, no se sentía nada incómodo en esa postura, de hecho alcanzó a ver que el reloj marcaba las cuatro y media de la madrugada. En ese mismo instante sació su curiosidad y, acurrucándose en el suelo, se paró a analizar los breves recuerdos de las dos últimas semanas que vagaban solitariamente por su cabeza.
Trató de encontrar alguna pista para explicarse a sí mismo el inesperado cambio, Gregor pensaba que la clave para descifrar el misterio era descomponer los recuerdos, sin embargo, su vida no era para nada interesante, era demasiado monótona, seguía una rutina: trabajo - casa - casa - trabajo. No encontró nada en ellos, eran tan absurdos e inválidos para su investigación que no pudo evitar cuestionarse un "para qué", ¿para qué le servían y por qué los mantenía? Como no pudo más con el estrés, decidió regresar a su cama y trepando hacia ella se tendió con la esperanza de que despertaría de aquella segunda e inexistente pesadilla al amanecer.

El estrépito que causó el primer contacto con el suelo que tuvo Gregor tras su transformación, dio lugar a que su hermana, Grete, se desvelara de un susto -ya que su habitación se encontraba al otro lado de la pared-. Casualmente esa noche se había ido la luz por lo que encendió el candelabro de su habitación y se acercó hacia la puerta de su hermano. 

«¿Gregor?», preguntó somnolienta. «¿Gregor estás ahí?»
Pero no obtuvo respuesta.
«Gregorio no me ignores.», insistió. «Abre esa puerta.»

Gregor -que estaba a punto de alcanzar el sueño- se sobresaltó al oír los susurros que enervadamente se oían desde al otro lado de su puerta.

«¿Qué es lo que ocurr...?», Gregor inmediatamente dejó de hablar sin acabar la pregunta. Intentó asimilar el sonido que acababa de oír salir del interior su boca. «Esta no es mi voz», pensó. 
«¡¿GRETE?!», gritó asustado.

Mientras tanto su hermana, que a duras penas le había escuchado en la primera pregunta, se acercó un poco más a la puerta para ver si le podía entender mejor justo en el momento en el que Gregor vociferó, y ésta, al oír el estruendo y alargado "cri cri", se alejó rápidamente de la puerta para regresar a su cuarto pensando que su hermano se estaba burlando de ella.

Gregor continuaba temeroso del nuevo tono de voz que componían sus cuerdas vocales. Quería volverse a escuchar. Observó el reloj y vio que eran las seis menos cuarto de la mañana, «el tiempo está pasando demasiado rápido», pensó «será mejor que descanse lo más posible antes de que me suene la alarma para regresar al trabajo.» Y así lo hizo.
La alarma sonó.
Y sonó.
Y volvió a sonar.
No es que Gregor no la escuchara, es que no conseguía apagarla con su nueva forma, casi le costó la vida alcanzar el móvil con sus numerosas patas, se dio cuenta de que era imposible. Se atrevió a intentar apagarla con una de sus antenas, pero el móvil resultó ser táctil, solamente un humano podría darle a "descartar", su esfuerzo era inútil.

La madre de Gregor se limitó a meterle prisa para que se levantara y a comentarle que llegaría tarde si no se apresuraba para ir a la estación. Una hora y media después, la madre -completamente ignorada por su hijo debido a que este poseía la creencia de que le aterrorizaría el sonido de su voz a su más querida familiar- contactó con su marido, que acababa de llegar de darle a la criada la orden de realizar un desayuno concreto, para darle la noticia de que Gregor se les estaba rebelando, o así lo veía ella.
El señor Samsa, ante esto, se acercó a la habitación y elevó su grave voz.
 «Tienes dos segundos para salir de ahí.», advirtió.
 En ese instante sólo se oyó el sonido de un plato roto que Anna, la criada de pelirrojas trenzas , dejó caer por el grito inesperado. Gregor no sabía si contestar o no. La duda le amargaba. Por un lado deseaba explicarse, pero por otro tenía claro que lo iban a repudiar -ya que consiguió un espejo en el que poder verse-. 

Grete, ante tanto alboroto, apareció de entre las sombras y le pidió al padre que se tranquilizara. 
«Deberías de llamar a su jefe y decirle que no se encuentra en condiciones de ir.» intentó mediar la hermana. «Estupideces. Un día perdido es un día sin sueldo y un día sin sueldo es un día más para tardar en saldar la deuda», resaltó el señor Samsa. 
«¡Déjale! Si está enfermo es una tontería que gaste su tiempo en ir porque lo único que hará será estorbar» replicó Grete.

Mientras tanto Gregor se esforzaba en abrir la ventana de su habitación para escapar de aquél albedrío.

«¿Quieres ir tú por él a trabajar, niña consentida?», contestó enervado el padre ante la situación.
«Que yo tenga entendido la deuda es tuya, no de Gregor, ni mía, ni de mamá. Ve tú.» le reprochó sin remordimientos.

Repentinamente sonó el timbre y la criada acudió a abrir. Resultó ser el acomodador, pero no venía solo, a su derecha se encontraba el propio jefe de Gregor Samsa junto su hija, Susan. Para Gregor era imposible abrir la ventana que tanto deseaba, por lo que decidió hacerles un poco de caso a sus padres al escuchar la llegada del acomodador.
El padre de Gregor, ante la visita inesperada de su antiguo jefe, rebajó sus humos e intentó controlar su ira, la situación le superaba, el desayuno se enfriaba, la madre se fatigaba, y la hermana se arreglaba, para causar una buena impresión ante los repentinos invitados. 

La hija del jefe no se trataba nada más y nada menos que de la misma cajera de la tienda de sombreros a la que un día había cortejado muy lentamente el propio Gregor Samsa. Ignorante de que su presa era familia de su respetado jefe, se lanzó a enamorarla y cumplió su objetivo, objetivo que Samsa no tenía muy claro de haber logrado aunque así lo fuera. Sin embargo ella, sabía perfectamente quién era Gregor, conocía su trabajo y conocía a su familia. Conocía todo lo que él no se había preocupado por conocer de ella.
Cuando llegaron hasta el cuarto de Gregor, el padre les explicó que se negaba a abrir la puerta por un motivo que hasta ellos mismos desconocían, razón por la cual el jefe muy pacientemente ordenó al acomodador a ir a por un cerrajero mientras que Grete, obligada por el padre, se encargaría de traer a casa al médico de la familia, un médico rural.

El señor Samsa y su antiguo jefe conversaron durante media hora a la vez que la señora Samsa y Susan, cuando súbitamente regresó el acomodador con una llave universal de esa casa que el joven Gregor un día le proporcionó.
«¿Dónde te has dejado al cerrajero?» preguntó el jefe.
«Tengo algo mejor.», decía mientras presumía de la llave.

No llegaron a esperar a Grete cuando abrieron la puerta que desveló el secreto que tantas horas llevaba Gregor ocultando. Se produjo un silencio. La criada, que volvía de realizar palomitas para los invitados, al ver a tan gran silueta observándola fijamente, dejó caer el recipiente con las palomitas, su torpeza no brillaba por su ausencia, sino por su presencia. El marido de la señora Samsa, le echó una mirada fulminante de odio por haber roto algo más de la vajilla. La criada no reaccionó. El jefe de Gregor se quedó estupefacto junto a su hija durante unos cuatro minutos. El acomodador huyó encontrándose a la salida con Grete y con el médico que regresaban en unos preciosos caballos negros prestados por un buen ciudadano al cual le gustaba morder. La madre se desmayó. El padre la reanimó. Y de repente, cuando el médico y Grete consiguieron subir las escaleras, el jefe le lanzó una mirada de complicidad a su hija y le cuestionó: «¿Qué te parece, Susan, es este el chico del que tanto me has hablado?»
Gregor no entendía nada. No asimilaba que su jefe y que la cajera de aquella tienda de sombreros a la que tanto había cortejado eran padre e hija, y mucho menos asimilaba que ella, precisamente ella, le haya hablado de él a su padre.
«¿Chico? Este es un asqueroso bicho repugnante» indicó ella.
Gregor la miró mal.
«No, no me has entendido corazón. Te he preguntado que qué te parece» volvió a cuestionar el jefe.
Susan se quedó unos minutos pensando detenidamente su respuesta hasta que de buenas a primeras resolvió mientras miraba felizmente a Gregor: «no estoy segura, padre, tú que opinas... ¿cucaracha o escarabajo?» 

Tanto la madre, como la hermana y el padre se quedaron boquiabiertos, ellos tampoco comprendían que no les sorprendiera la forma en la que Gregor se encontraba ya que tanto Grete como la madre sintieron asco mientras que el padre no era capaz de aceptar la realidad, no era capaz de aceptar que Gregor tuvo un inaprensible cambio.

«Mmm...»  pensaba el jefe mientras se acariciaba la barba. «A simple vista diría que es una cucaracha voladora puesto que tiene unas alas ahí ocultas» añadió.
«Patética reflexión, padre» respondió Susan convencida.
«¿Patética? Dime, ¿en qué te basas para juzgar tan desconsideradamente mi opinión?» le preguntó con aires de indignado.
«Pues mi querido padre, mis argumentos se basan en que las cucarachas son más planas que redondas, y el aquí presente insecto enamorado, es cualquier cosa menos plano» justificó decidida.
Gregor no lo podía creer, le estaban llamando gordo en su propia cara.
«¡PERO ES DE COLOR MARRÓN!» insistió el jefe.
«Acéptalo papá, has vuelto a perder. Una similitud no le da mil vueltas a infinitas diferencias» alardeó la hija.
«Yo nunca pierdo, y menos contra ti» respondió el jefe a su hija estresado por la derrota.
«Acabas de hacerlo, asimílalo y no me hagas reír» decía mientras fanfarroneaba por su victoria.

«¡¡¡YA BASTA!!!» se escuchó bajo las escaleras «ESTÁIS TODOS LOCOS, TODOS LOCOS.»
Efectivamente, la criada reaccionó, tarde, pero reaccionó. Le parecía absurda la situación, unos tan tranquilos y otros tan aterrorizados sin reaccionar. «¡¡Dimito!!» decía mientras se alejaba con los caballos que al médico tanto le habían costado conseguir.
En ese momento la familia de Gregor volvió en sí y se centró en preguntarle al médico -que llevaba ahí más de media hora esperando a que le dieran trabajo viendo la situación- que qué era lo que había ocurrido con su hijo.
«Que es un escarabajo, ¿no lo ves?» interrumpió Susan.
«Cállate» le cortó Grete.
«¿Perdona? ¿Me estás mandado a callar, tú?» contestó.
«No te perdono. ¿Quién más si no te mandaría a guardar silencio en un momento como este?» dijo mientras la miraba de arriba a abajo.
«¡Parad ya las dos!» explotó la madre de Gregor tan brujamente dando un puñetazo a la pared que las dos se callaron al instante. «Doctor explíquenos usted, por favor...» suplicó ansiosa.
Y el médico comenzó: «A ver...este señor...» e inmediatamente paró su tesis por culpa de Grete que le volvió a interrumpir inconscientemente al proporcionarle una silla tan rápidamente que desapareció de la sala asustada por la futura reacción negativa de su madre hacia ella.
«Este señor no está enfermo» continuó «pero os puedo hacer una receta...» El doctor veía en los ojos de Gregor que deseaba antes morir que permanecer en esa forma durante el resto de su vida, sin embargo, hizo caso omiso a su mirada deslumbrante llena de hastío, ya que a estas alturas, el joven Samsa no podía evadirse de una realidad que ya se había apoderado de todo su ser.
Los padres de Gregor veían como una sandez el hecho de que el doctor les hiciera una receta, pensaban que nada podría devolverle su forma humana y mucho menos una receta que les haría desperdiciar el dinero para conseguirla y dar lugar a que lo único que le provocara a Gregor fuera repugnancia. Así que el médico, se fue, se fue ofendido y molesto por haber perdido su tiempo, sus caballos y a su Rosa.

El jefe y su hija continuaban en el dilema del insecto en el que se había convertido Gregor cuando repentinamente el señor Samsa les pidió sutilmente que decidieran acerca de lo que iba a ocurrir con el futuro laboral de su hijo.
«Odio que me metan prisa en mis decisiones» dijo el jefe.
«Discúlpeme, pero yo odio esperar» le respondió el padre.
«Pues salga de la habitación» amenazó en respuesta a su indirecta.
«Salga usted de mi casa si no va a decidir nada acerca de la situación de mi hijo, ya que él no es objeto de entretenimiento para resolver sus tardes de aburrimiento y las de su hija» contestó bordemente el padre de Gregor.
El jefe lanzó una mirada de desprecio hacia el señor Samsa y, observándole fijamente a los ojos, le dijo: «Está bien. Ya lo he decidido. Déjeme comentarle un momento a solas a mi hija la decisión».
El padre de Gregor observó el panorama y teniendo en cuenta la mirada que le había echado el jefe, podría haber puesto en ese mismo instante una mano en el fuego por la creencia de que el futuro de su hijo estaba completamente destruido gracias a él.
Sin embargo, para su asombro, si lo hubiera hecho habría perdido uno de sus brazos porque se habría quemado completamente al oír la respuesta de su superior: «He decidido...» comenzó a explicarse el jefe «...que Gregor podrá realizar otro tipo de trabajos para la empresa, es una pena que no pueda realizar el viaje a Hawaii ya que recuerdo lo entusiasmado que estaba al contarme que en aquel viaje se podría volver a reencontrar con su abuela a la que llevaba tanto tiempo sin ver», y una vez que terminó de exponer el nuevo cargo que le habían asignado, sobre todo gracias a Susan, el jefe y su hija se marcharon.
La abuela de Gregor residía en Hawaii, nada más y nada menos, porque dejó su anterior vida atrás para perseguir al amor de su vida, algo que hizo durante su etapa de joven adulta tras divorciarse del padre de la madre de Gregor, era su abuela materna.

Ese día se convirtió en el día más largo de la familia Samsa. Pese a que Gregor ocupó un nuevo cargo en la empresa, era obvio que no podía ejercerlo con aquella forma, así que el padre acabó -al cabo de dos semanas- por dimitir en nombre de su hijo. Él mismo no ocupó el puesto de Gregor porque la antipatía que le caracterizaba hacia el jefe era exagerada y además su orgullo no se lo permitía por razones que sólo el señor Samsa conocía. Por esa razón, todos tuvieron la obligación de participar en el ahorro económico familiar.
Anna, la criada que se había despedido a sí misma porque no soportaba el horror podría haber sido la clave para no contratar a otra, no obstante, decidieron contratar a Elsa, una joven a la que le caracterizaba una rubia trenza y que se trataba de la hermana mayor de Anna a la que no le daban nada de fobia los insectos. Esta al ver a Gregor lo único que sintió fue compasión y una gran responsabilidad hacia él.

Pasado un mes y medio de la transformación la situación comenzó a agravarse, la única que se preocupaba y se encargaba de él no fue más que la criada. La hermana, Grete, tuvo que dejar su vida atrás de niña consentida que vive de su hermano y que la única preocupación que le acechaba en las mañanas era pensar en qué se iba a poner ese día. Encontró varios trabajos a tiempo parcial y los llevó a cabo, por lo cual no tenía apenas tiempo de cuidar al hermano que tanto había cuidado de ella a lo largo de su niñez y adolescencia. El padre -por su parte- rebuscó entre los ahorros de su hijo y encontró un pequeño cofre que guardaba entre las profundidades de su oscuro armario y que tenía envuelto alrededor de él un lacito rojo en el que estaba tallado el nombre de "Grete", ese dinero que tanto esfuerzo le había costado ahorrar, estaba dedicado específicamente para las futuras clases en el conservatorio que le iba a regalar a su hermana. Y el padre apoderándose de él lo usó, pero lo usó para pagar una parte de la deuda que lamentablemente no quedó saciada al completo. Grete nunca supo de esto y aunque lo hubiera sabido, le hubiera dedicado el mismo tiempo que hasta ahora le estaba proporcionando a su hermano, unos cinco minutos de cada noche y sólo para ver si -por arte de magia- había regresado a la normalidad.
El señor Samsa, una vez que gastó los ahorros, buscó un empleo que le absorbía la vida cada día más, sólo por no estar acostumbrado a trabajar después de tantos años de relax.
La señora Samsa, sentía la necesidad de cuidar de su hijo, pero el simple hecho de pensar en lo que le había ocurrido, le estremecía y le subía un escalofrío por todo el cuerpo que le impedía acercarse a aquella puerta aislada de las demás habitaciones -puesto que Grete se había mudado a la buhardilla-.

El caos inundó una mañana de septiembre la casa Samsa. La criada semanas atrás había caído enferma y durante todo ese tiempo nadie se hizo cargo de Gregor. La habitación tenía complejo de vertedero, era una completa pocilga desde que nadie la limpiaba. El que Gregor hubiera cambiado su alimentación y sólo se hubiera inclinado por los restos de comida que los demás dejaban, no significaba que pudiera vivir en el estercolero que había conquistado todas las esquinas de la sala ya que no se trataba de un poderoso y gran cerdo al que le gustase revolcarse entre el estiércol, él era un insecto al cual aún -pese a las especulaciones de Susan- no le habían asignado un papel en cualquier rama del árbol genealógico que componía la familia de insectos en general.
Esa mañana cuando Gregor despertó bajo el sofá, que había quedado solitariamente como la pieza fundamental en su cuarto, sintió que se asfixiaba, le faltaba el aire. La ventana estaba cerrada, la única que se la abría por las mañanas era la que se encontraba ausente debido a su enfermedad. Se arrastró por el suelo e intentó alcanzar la puerta entornada que daba acceso al pasillo y cuando consiguió plantarse justo en frente de ella se escuchó un tremendo sonido por las escaleras junto a un estrepitoso grito que causó un estruendo con el eco que provocó entre las paredes de aquella angustiosa casa.
 «¿QUÉ HA PASADO?» gritó Gregor dando a relucir al mundo el maravilloso sonido expulsado desde sus más profundas e inexistentes cuerdas vocales que estresaban a todo aquel que las oyera.
Grete -que media hora antes llegó de trabajar- se asomó y vio a su madre yaciendo al final de las escaleras.
«¡MADRE!» expresaba dolorosamente mientras se acercaba a ella. «¿MADRE? ¡¡Responde!!» repetía una y otra vez mientras buscaba el teléfono para marcar el número de la ambulancia.
Gregor ante esto se asustó, salió a observar y se acercó amedrentando a la hermana por la espalda tanto que a ella se le escapó despreciativamente un «¡Largo bicho inmundo! ¡Sal de esta casa aborto de los infiernos! ¡Tú no eres mi Gregor! ¡¡Gregorio vuelve y acaba con este monstruoso insecto que ha invadido tu cuarto para acabar con la vida de todos tus familiares!! Ven, Gregor, vuelve y mira lo que esta cosa le ha hecho a mamá».

El padre que llegaba de su trabajo entró y se encontró con la impactante escena en la que Gregor ante los lamentos y quejidos de su hermana se colgó del techo sobresaltado y en la que la Grete culpaba insensible e injustamente al insecto del intento de "asesinato" de su madre.
El señor Samsa se acercó a su mujer y observó como tenía una gran brecha abierta en el cráneo, Grete se dirigió corriendo al cuarto de baño a vomitar por la cantidad de sangre que había presenciado. Mientras que el padre de Gregor, traumatizado con la situación y creyendo las injurias de su hija, se dirigió hacia su hijo y le dijo: «Tú no eres mi Gregor Samsa junior. Con lo que le has hecho hoy a tu madre, para mi, has muerto».

Grete volvió del baño y abrió la puerta para que la ambulancia pudiera trasladar a la madre mientras le comentaba a su padre que seguramente Gregor había causado todo ese tremendo alboroto debido a que lo estaban criando ya no en una habitación si no en un basurero. El señor Samsa vio lógica esta visión y decidió deshacerse del insecto que ya no veía como a un hijo si no como a una bestia salvaje que irrumpió en la habitación de Gregor una mañana tras despertar de un sueño intranquilo.

«No quería llegar a este punto... Pero hemos decidido darte la libertad, Gregor, te dejamos volar» decía el padre señalando a la puerta de la calle.
«No te preocupes por nosotros, estaremos bien. Venga, sal y extiende tus alas cual pajarillo emocionado por recién dejar su nido para indagar nuevos lugares» animaba Grete con asco.
«¿Mamá conoce acerca de la libertad que me estáis ofreciendo y casi obligando a aceptar?» preguntaba Gregor.
«Gregorio corazón, no te entendemos, ¿me entiendes tú a mi? Qué estupidez, cómo me vas a entender si eres sólo un insignificante insecto» expresó indiferentemente Grete.

Mientras tanto la madre se encontraba en el hospital con un estado de grave peligro por la enorme brecha abierta durante la desastrosa e inesperada caída.

«Grete, déjalo. Si no sale, ya se morirá en su habitación del asco. Yo no la pienso limpiar, ¿y tú?» preguntaba el señor Samsa a su hija.
«¿Yo? Podría... Pero la última vez que deseé limpiar alguna habitación de esta casa, mamá se me adelantó y me juré no volver a limpiar la suciedad que recorre entre las esquinas de esta respetable casa» contestaba Grete.
«No te voy a decir lo que eres al decirme eso...» lanzó una indirecta discreta hacia su hija el padre.
Gregor observaba pensando en salir o quedarse ahí, no tenía noticias de su madre y lo único que tenía claro era que su padre y su hermana no lo querían más dentro del habitáculo.
Grete miró al padre sin captar la indirecta y observó cómo Gregor salía por la puerta lentamente caminando hacia atrás.
«¡¡Mira padre!! Al fin se marcha» decía alegremente Grete.
«¡Espera, Gregor!» interrumpió el padre.
Gregor dejó de andar rotundamente.
«¡Acércate!» insistió el padre.
Gregor se acercó sorprendido.
«¡Grete! Ve a por el violín» le ordenó y casi obligó con la mirada el padre.
Grete se dirigió a coger su violín y cuestionó: «¿para qué se supone que me has hecho bajarlo, padre?».
«Toca aquella canción que tanto siempre nos has tocado cada noche tras cenar, mientras reposábamos tranquilamente para digerir bien los alimentos» suplicó el padre.
«¿Quieres que la toque por algún motivo en especial?» preguntó Grete.
«Por supuesto, es la canción de despedida que le vamos a dedicar a Gregor mientras camina lentamente hacia atrás, ya sabes, para hacer más dramático el momento» decía cruelmente el padre mientras soltaba una risa psicótica que la hija continuó tras silenciarse el señor Samsa.
Y una vez que la gracia se le fue, Grete, comenzó a tocar.

Elsa, que ya estaba completamente recuperada de su enfermedad, acudió a la casa en cuanto pudo por haber oído el accidente de su señora encontrándose con este momento tan tormentoso para Gregor.  Y cuando se decidió a interrumpir la melodía que interpretaba Grete para darle su más sentido pésame al Señor Samsa y a su hija, Gregor reaccionó.

Ahora sí, reaccionó violentamente.
«¡¿Mamá ha muerto?! ¡¿HA MUERTO?!» bramó sin piedad.
Nadie le entendió y sin embargo todos se asustaron, incluso Elsa que era su mayor fan.
«¡¡CONTESTADME!!» expresó histérico.
«¡QUE NO TE ENTENDEMOS GREGORIO, SI ES QUE REALMENTE ERES GREGORIO!» soltó la hermana enfrentándose temerosa.
«No le llames Gregorio, es Gregor» le corrigió Elsa.
«¿Me vas a decir tú a mi cómo voy a llamar yo a este impostor insecto que se hace pasar por mi hermano?» contestó bordemente Grete.
Mientras se formaba otro absurdo conflicto, Gregor se abalanzó hacia el padre.  «¡Yo no he sido, te lo juro!» se explicaba tristemente.
«¡¡Quita bicho!!» despreciaba el tacto con él su propio padre.
Elsa y Grete dejaron su conversación y observaron la ira que desprendía Gregor desde su interior.
«¡Habéis acabado con mi paciencia!» pensó en "voz" alta Gregor.

Elsa huyó.

Grete se escondió tras el padre y le preguntó: «¿es que mamá...ha muerto?».
A lo que el padre respondió: «Sí, hija sí» y comenzó a relatar la historia mientras que Gregor apartó su nervio para escuchar atentamente.  «Tu madre ha muerto por el golpe que recibió en la cabeza en la mañana, hace unas horas me han confirmado su muerte ya que se encontraba en un estado grave. Según los médicos había una esperanza del 5% para su curación, sin embargo una doctora recién graduada me aseguró que no duraría mucho, y así fue».
Grete expresó una cara de horror.
Gregor no podía creerlo.
«P...Padre...» decía Grete entrecortada.
«Dime, ¿qué ocurre?» contestó.
«Fui yo» confesó Grete «yo fui la que empujó a mamá por las escaleras, no Gregor»
Gregor ya sí que no podía creerlo.
«¿Qué estás hablando? No digas sandeces» dijo con una sonrisa forzada que ocultaba el terror de tener una hija asesina a su lado.
 «¡Pero no fue queriendo! Yo no quería que muriera...» intentaba justificarse.
«¿Estás diciendo la verdad?» preguntaba temeroso e histérico.
«Por supuesto, pero esa no era mi intención» volvía a su argumento.
«¿Cómo ocurrió todo?» ganaba tiempo el padre para pensar en cómo reprimir duramente a su hija sin que acabara él también rodando escaleras abajo.
«Pues verás...Todo fue porque yo le comenté a mamá que no quería a Gregor en casa y ella lo defendió a muerte, literalmente» declaró Grete con el sarcasmo que siempre le caracterizó.
Su padre le miró mal, desconfiando, pero se acercó a ella e intentó mostrarle un poco del afecto cariñoso que casi nunca le daba y le susurró al oído «no te culpes cariño, tú no has tenido la culpa».

Gregor, no soportaba la situación, el pensaba que ella había sido la culpable, que todo formaba parte de un pérfido plan para inculparle a él de su accidente -que ni ella misma pensaba que acabaría en muerte- y para que acabaran echándole de casa como hasta ahora había conseguido. El padre, fue a por algo de merendar para intentar evitar que su hija pensara en echarse la culpa, ya que en el fondo no lo quería aceptar y al repudiar a Gregor, también lo quería echar.
En ausencia del señor Samsa, Gregor aprovechó para vengar la muerte de su madre y atacó violentamente a su hermana Grete mientras vociferaba una y otra vez pese a que no le entendían: «¡después de todo lo que he hecho por ti y lo que me quedaba por hacer, eres cruel! ¡¿Cómo has podido?! ¡¡Asesina!!».
Y una de las diminutas pero robustas patas de Gregor se introdujo en el ojo de Grete apoderándose de él como si de un palillo de dientes atravesando a una aceituna se tratase. Grete gritó asustada como nunca antes había gritado en su vida. Al no ver avanzó corriendo hacia atrás e intentó huir del insecto que acabaría con su vida minutos antes de que se tropezara con el primer escalón de la casa y golpeándose con el filo de la barandilla.
El padre regresó con dos manzanas y halló a su hija tendida en el suelo, cerca de las escaleras, al igual que su difunta mujer.  «¡¿Qué le has hecho animal?!» gritó traumatizado.
«Se llama justicia, padre» respondía vanamente Gregor.
Y el señor Samsa ante esta situación persiguió durante una breve media hora a Gregor por todo el barrio, ya que consiguió salir de aquella casa que parecía estar maldita. El padre, locamente, comenzó a arrojar la primera manzana que era la que le iba a ofrecer a su hija antes de morir, pero falló al darle a la ventana de una casa vecina en los alrededores. El segundo intento fue el definitivo, el que más rencor presentaba y a su vez, el que más lanzó con puntería. La manzana alcanzó a darle en la esquina inferior derecha de su duro caparazón y se esparció por mitad de la carretera un espeso líquido transparente que brotaba a borbotones desde su interior. Se estaba desintegrando en la carretera, Gregor, vio su vida pasar, recordó absolutamente todo lo que no recordaba al despertar aquella mañana en la que se transformó, y a los pocos minutos perdió la vida felizmente por haber vengado la muerte de su madre, a la que tanto adoraba.
Por su parte, el padre fue encarcelado debido a que le acarrearon la culpa de la muerte de su hija, no obstante, tuvo que cargar con la conciencia intranquila por haber asesinado a su propio hijo y a su vez fue tachado de asesino por todos y cada uno de sus más allegados. Entre la vecindad se rumoreaba que él había sido el verdadero causante de la muerte de su esposa a la misma vez que la muerte de sus dos hijos, Grete y Gregor, del que daban por muerto al tampoco saber absolutamente nada de él debido al aislamiento que mantuvo en su habitación durante meses. Los rumores que Elsa extendió por el vecindario -para colmo del señor Samsa que aún no había tenido suficiente- fueron que además de asesino era un acosador que se intentó propasar con ella en numerosas ocasiones.

Toda esta situación superó la paciencia
Que el señor Samsa contenía
Mientras que su conciencia
Al suicidio le inducía.
Y concluyendo su huida
Un 25 de diciembre,
Formando como despedida
Una oración bimembre,
Acabó con su vida.
"Hasta aquí yo he llegado,
Pero vuestra presión
 No la he soportado".


miércoles, 18 de marzo de 2015

Invernales tardes de un paseo encantador.

EL AMOR DE LA PRISIÓN.


Acorraladas y sin salida
Se convierten en objeto de observación.
Los turistas impactados
Las examinan tras aguantar el desagradable olor
Desprendido del furor
De aquellas pequeñas bestias,
Que alejadas de sus familiares
Viven una vida de incomodidades.

Pobres e inocentes criaturas
Que sólo por nacer
Están obligados a tener
Una vida tan dura,
Inmersa en las ataduras
Que componen las finas rejas de una prisión
Realizada sólo con el fin de acomodar
A unas cuantas especies únicamente habilitadas
Para el terrible sentimiento de tedio
Que sin algún posible remedio
Acaban en medio
Del conformismo o la rebelión.

LOS DOCE LEONES.


¡Oh, dulces leones
Que os introducís en nuestros corazones!
Guardianes de una fuente, 
Que en un parque lleno de gente,
Protegéis con uñas y dientes.

En una romántica tarde de invierno,
Cuando me fijé en vuestros ojos tiernos,
Me hicisteis entender
Que cual Werther frente a Charlotte
No os podría volver a dejar de ver.

La cruel ventisca evita 
Que de vuestra suave boca se emita
El agua que en verano nos facilita.

Esa macabro huracán
Que se ensaña con los más débiles
Me hace querer impulsar
Un viaje en el que el hastiar
No aparezca por mi vida.

¿A qué perverso abandono os habéis sometido,
Y cuán tan solos os habéis sentido
En esas tardes frías de invierno
Que os hacen ir directos al averno?

¡Oh, leones sin alma,
Sin estrés y sin calma!
Dejad contemplar una vez más a estos ojos
Vuestro agradable deleitar
En el que el agua no sólo emana de vuestro paladar,
Sino que nos demuestra sin parar
Lo bonito de un invierno
que está a punto de terminar.

A UNA PALOMA TRANSEÚNTE.



Con la mirada perdida en el infinito, se encontraba posada en lo alto del central cuerpo
encargado de componer una de las partes del combinado trío presente mientras le rodeaban numerosas rocas.
Observando una sustancia cuya molécula está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, un tanto oxidada y llena de las restantes hojas otoñales que una salvaje brisa se había encargado anteriormente de arrastrar allí hasta sumergirlas sin tener en cuenta que luego flotarían al instante, se hunde en sus pensamientos.
¡Cuéntame en qué piensas, oh paloma!
Tus negras y azuladas alas no consiguen ocultar la tristeza que desprende tu mirada, dime ¿qué es lo que anhelas, mi querida ave de claro pico?
¿Tal vez un amor? ¿Una familia? ¿Un anciano que se encargue de tu alimentación?
Explícame, explícame a mi y al mundo qué es aquello que te quita el sueño.
Precisamente tú, que te has adueñado de todo el estanque con tu hermoso silencio y has desprendido esa mirada de dolor que arrastra a cualquiera al vacío.
¿Cuándo y por qué has llegado hasta ahí y te has asentado como si hubieras conquistado a tu única y propia colonia? ¿Qué es lo que te asusta? ¿Tal vez el no poder hablar? ¿El no poder pintar?
Sácame de dudas, tu silencio eterno me está matando
y lo único que en mi cabeza anda rondando
 es que, mi querido corazón con alas, aunque hayas perdido lo ya desvanecido,
recuerda: más se perdió en Cuba.

PÉRFIDAS HADAS.


Una palmera que sin frío anda tapada
No puede evitar sentirse menos arropada.
Pese a todo el pelaje que le rodea
Sus fieles y queridas compañeras la llaman fea.
Por no ser igual a las demás
Tratan de dejarla como si fuera una anormal
Pero lo que ellas no saben
Es que al ser todas iguales
No pueden evitar ser poco originales.

Una pena para ellas
Que ocultan la envidia a lo desconocido
Mientras esa tapada palmera se introduce siempre sin ruido.
Cierto día del año
todas quisieron imitarla cual rebaño.

Sin embargo ella no sabía que
Unas no querían imitar, sino arrebatar
Todo lo que había conseguido reunir sin parar.
Finalmente y para su desgracia
Otras simplemente iban a hacerle daño
a través del engaño.

Entonces, ¿por qué se aleja sin dudarlo?
Se continúan cuestionando.
Evidentemente está cansada de las tonterías
De unas pocas brujas que se hacen llamar "hadas"
Y que lo único que demuestran, es estar amargadas.

ALINEACIÓN.


Caminante no hay camino, se hace camino al andar
Nos inspiraba en su época Machado con sus citas a deleitar.

Solitaria fuente que,
 rodeada por numerosas parejas bajo la forma de columnas
y tan lejana al verdadero amor
 que se encuentra en la otra punta de tu alrededor,
te haces ver tan apagada.

Tan lejos en la distancia
Cuanto más alineados en el corazón
Sin casi alguna posibilidad de reencontrarse
Una vez que decidieron separarse.

Las farolas no consiguen iluminar
A la hierba verde que se interpuso en el camino
Destruyendo todo vuestro destino.

Una hierba que le fusila
Por el simple hecho de que no asimila
Que no es capaz de fumarse la distancia
Cual poetuit en una circunstancia
En la que le dejan ver, pero no tocar.

Quizá hoy te evadas del deseo
Y de una realidad marchita
Que cuando menos te lo esperas te visita.
Quizá sólo sueñas con poder llegar
Hasta ese oscuro corazón
Que por fuera refleja belleza.
Mientras que tú, mi querida y verdosa pieza,
Siendo todo lo contrario a ella, tan blanquecina y elegante,
No le despiertas la lindeza
 Que con grandeza siempre se te ha otorgado.

Míralas, mira a tus cercanías y observa,
Que la alineación tan perfecta que se nos muestra
A veces, simplemente es apariencia.

Apariencia e hipocresía
Que hoy y en nuestros días
Se han extendido por todos lados
Como las galletas María.

EL PLACER DE HALLARSE HACENDADO.


Recuerdo perfectamente el momento en el que vi,
Junto a tu reluciente esplendor
Destacabas por encima de todos los de tu alrededor.

A mitad de primavera, sobre Marzo,
Me acerqué a ti cual jaguarzo 
Buscando un sol
Que le haga terminar definitivamente
Con su tentación.

Entre los estantes y tus compañeros
Te dedicabas a hacerme ver
Que sin ti no habrían dos sin tres.

Bendito día de verano
En el que decidí meterte mano.
Nunca podré olvidar
La sensación que me hiciste pasar.

Una vez más vuelvo pero no consigo encontrarte.
¿Dóoonde estas...? 
Alargando las o's digo sin parar 
Mientras te busco desesperadamente
Entre la multitud de gente 
Que rodea a tus compañeros.

Pero no te encuentro...
¿Estarás dentro? 
Hazme una señal.
Le he preguntado por ti hasta al general 
Encargado de tu regreso 
Pero ni el sabe la fecha de tu reingreso.

Oh, mi pastelito desaparecido
Hace tanto evadido...
A pesar de tu esperanza
Sigo perdida en mi añoranza.

¡Oh, pastel perdido...
Que de mi has huido!
¡Oh, dios del sabor
Que me llenas de ardor
Con tu huida!

Vuelve y no desprecies
A todas las especies que te reclamamos.
Vuelve a mi y acaba con el vacío
Que junto al hastío...
Has introducido en mi con poderío.

#FLANEURSALOBREÑA

sábado, 14 de marzo de 2015

Sweet cat o' mine.

Dicen que gato con guantes no caza ratones, pero caza corazones.
Desde el libro egipcio de los muertos hasta nuestra actual sociedad, tanto los grandes escritores como los pequeños y peludos gatitos que componen una mínima parte de la gran cantidad de animales que existen en el mundo, se han compaginado a la perfección y en buena compañía.
El amor y la adorabilidad que desprenden a día de hoy cuando les miramos tan sólo un instante no nos podría hacer imaginar el asco, miedo y respeto que llegaban a transmitir en el pasado.

¿Todo lo que se conoce y se ha conocido sobre ellos desde antaño hasta ahora se convierten para nosotros en supersticiones, mitos o verdades?
 Claramente es un misterio. 
El misterio que rodea al gato y envuelve al poeta, el misterio que lo sumerge en un agujero negro creado a partir de la mirada que se ha fijado en los ojos del lindo felino.
Ya sea gato doméstico o gato salvaje, podemos afirmar con seguridad y sin dudarlo ni un instante, que el término de "gato" junto a su significado se ha convertido en un símbolo. 
Símbolo que acaba representando lo que más desee el poeta en sus composiciones, ya sea desconfianza, amor, frialdad, fidelidad, infidelidad, o libertad.

Es sorprendente la cantidad de supersticiones y mitos que se han creado a lo largo de la historia frente a estas monosidades de patas suaves, y que las mismas hagan que -cual fangirl enfurecida a punto de rozar la locura por el amor hacia los gatos- me indigne al saber el asco y el poco respeto que continúa existiendo por parte de una gran cantidad de gente.
Aunque realmente no todo es miedo, aversión y desconsideración hacia ellos. En este gran mundo que nos envuelve a nuestro alrededor, hallamos también a los fieles seres que siempre han demostrado que no todo lo que dicen sobre los gatos es cierto, que realmente son amor y no malvados demonios que se han criado teniendo a Satán como padrastro.


¿Alguna vez te han dicho que tú y cualquier otra persona que se encuentre en tu círculo de conocidos os lleváis "como el perro y el gato"? Permitirme aclarar que ese refrán o dicho -como le queráis llamar- es más falso que una moneda con la cara de Popeye.
 Un perro y un gato pueden llevarse mucho mejor que tú y que la persona más allegada a ti emocionalmente. 
Ya sea con un perro, un pájaro, una mariposa, o una cucaracha que aparezca salvajemente desde las profundidades de la habitación, el gato se dedicará a por así decirlo a "jugar" con el otro ser recién conocido, a no ser que vea desconfianza o algo que no le guste. 
Porque a los gatos les gusta jugar, y si ven que la otra parte no pone de su esfuerzo para llevar las cosas lo mejor posible es como casi imposible de establecer una buena relación entre ambos.


No obstante, al igual que todos los seres humanos no son iguales, los gatos tampoco. Obviamente es cierto que cada cual tiene su carácter y que algunos parecen poseídos por el diablo al reflejar su sentimiento de superioridad para hacerse respetar. Al igual que existen personas frías, orgullosas, distantes o malvadas también existen gatos fríos, con un gran orgullo, distantes y malvados. 
Insisto: no todos son iguales, al igual que tú no eres igual que la persona que se encuentra a tu derecha o detrás en estos mismos instantes. Esa misma persona o ser no identificado para tus ojos a la que tu gato se encarga de observar fijamente de vez en cuando durante horas con su boca entreabierta, y con la que no duda en tener largas conversaciones, batallas de gallos e incluso karaokes de ópera cuando están en celo. 


Los mininos que cautivan nuestros corazones, que nos lo roban convirtiéndose en ladrones para romperlo o llenarlo de felicidad, han ido realizando su función en todos los ámbitos. 
Existen canciones en el ámbito musical en las que mencionan a estos, e incluso series y películas en las que aparecen con su papel de protagonistas, porque son tan capaces de atraer y seducir a los espectadores como de crearles repulsión o empacho.

Podría mencionar a miles y miles de gatos multiplicados por infinito que han triunfado en estos ámbitos, como: el famoso Gato con botas, Cheshire, Doraemon, Garfield, Bola de nieve en los Simpsons, Haru en el reino de los gatos o, si retrocedemos un poco en el tiempo, indudablemente no podemos olvidarnos de Isidoro, y de los aristogatos, de entre tantos.


En fin, podría realizar una amplia y extensa lista de la cantidad que existen, pero tengo la sensación de que no acabaría nunca y a su vez me parece que tampoco es cuestión de realizar un largo e interminable catálogo lleno de recopilaciones de todos los gatos que han destacado en el arte y en el mundo televisivo, aunque con gusto lo realizaría porque lo disfrutaría. 


En Baudelaire los gatos son recurrentes, en una parte de "Las flores del mal" les dedica unos cuantos poemas en los que refleja una imagen de ellos como un ser amigo de noctambulos, aliados a recuerdos o símbolos de libertades perdidas. Siempre expresó la pregunta de "¿por qué los demócratas no aman a los gatos?", pregunta cuya respuesta expresa de igual modo y de manera fácil de adivinar: porque el gato en sí es hermoso, revela ideas de lujo, de limpieza y de voluptuosidad.

Baudelaire presentaba este pensamiento 'lógico' debido a que en primer lugar, tenía la creencia de que los demócratas no aman a los gatos porque a favor de la opinión ajena han renunciado a la omnipotencia de sus propias ideas, se obligan a considerarse limitados en su suficiencia y están dispuestos a compartir el poder con otros. En segundo lugar, su ideología se veía influida también por el pensamiento que una vez Freud retrató en una de sus citas, concretamente en la que dice "los gatos parecen no ocuparse de nosotros en absoluto, se bastan consigo mismos". Por otro lado, el reflejo que le causaba un gato al dormir placenteramente era símbolo de que se encontraba 'filosofando', según nuestro autor francés. Finalmente, Baudelaire consideraba al gato como a un objeto de lujo porque le parecía realmente poético, y a su vez como a un objeto voluptuoso por su capacidad de restregarse junto a los muebles o las personas.

Todas estas teorías de Baudelaire, todos estos pensamientos e ideologías quedan reflejadas y más completas en "Mi corazón al desnudo" escrito por el propio autor en uno de sus diarios íntimos.


Otros autores como Pablo Neruda también han insertado en sus obras a la figura de el gato, como hizo por ejemplo en su "Oda al gato".

Me gustaría defender a los gatos ante la cita que en su día Freud tan vivamente recitó.
 En primer lugar, a los gatos se les ha incrustado injustamente la palabra "infiel" cuando dicen que todos los gatos son infieles porque tarde o temprano te acaban abandonando, permitidme dudarlo, en serio, permitidme dudar sobre ese estúpido tópico. En segundo lugar y a lo que quería llegar, eso de que los gatos no parecen preocuparse de nosotros porque se bastan consigo mismos, me resulta tan patético por el simple hecho de que existen casos como el de Homero que nos demuestran todo lo contrario, en este caso el gato llamado Homero, estando ciego para su dueña, defendió con uñas y dientes de un peligroso ladrón -cual película de terror- a la que durante toda su vida se había encargado de cuidarle. 
Por "personas" como estas que presentan tan poco respeto hacia los gatos e incluso puede que aversión, se han dado casos en los que por tener cierto parecido con dictadores como "Hitler", han llegado a extremos imperdonables como se puede observar pinchando en este último artículo.  
Entonces digo yo, ¿quién es peor, el propio Hitler o tú que por un gato tener cierto parecido con él, haces una especie de lo que hacía el dictador alemán con los demás? 
¿Quién es peor, el gato o el hombre?


A día de hoy el gato se ha convertido en una especie de moda, moda que -como cualquier otra- indigna a los que ya desde siempre les han gustado lo que ahora destaca y a su vez, les indigna el hecho de que se haya dado a conocer excesivamente lo bonito que ahora tiene y que realmente siempre ha tenido, lo que antes casi nadie conseguía ver.

Me parece necesario destacar la figura de la famosa "Grumpy cat" que colapsó las redes sociales y google en sí en su día. Una gata que posee su propio hueco en la página de Wikipedia.
Un gata a la que nadie le haría ascos por su cara, ya que todo el mundo desearía tenerla. Se podría decir que es una de las gatas más famosas del mundo entero. ¿Supera a Isidoro o a Doraemon? ¿Al gato con botas? No, a ninguno de ellos. En tan sólo unos meses consiguió hacerse igual de famosa que todos nuestros amigos gatunos ya mencionados.
Un gato a día de hoy es un diez, todo en lo que aparezca la figura de este felino hace llamar la atención e incitarte a continuar leyendo. Aunque si para todos nosotros los gatitos son el DIEZ, para nuestra Grumpy cat los humanos serían el...


Por otro lado, en nuestros tiempos sobre todo ha destacado la figura de el gato como "meme", a partir de las fabulosas caras tan expresivas de nuestros mininos se han realizado numerosas escenas con un toque de humor aplicado a una situación ficticia que se han llevado a cabo gracias a dichas posturas.






A su vez, podemos incluir aquí a "Nyan cat" que posee hasta una propia pagina web.


¿Quién es incapaz de adorar a estos seres? Quizá los que piensan que tener un gato es directamente proporcional a tener un asesino en casa porque sólo piensan en cómo acabar con tu vida...


Es algo que nunca entenderé, pero bueno, como dice el dicho: para gustos, los colores.


Para finalizar no he de olvidar destacar al Maneki-neko, el gato de la suerte o de la fortuna tan popular en la cultura japonesa. La escultura representa a un gato que le trae suerte a su dueño, en una actitud de llamada y no saludando como la mayoría de la gente piensa. Hoy en día existen miles de versiones del Maneki-neko y es frecuente verlas en negocios o restaurantes.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Saca al dandi que navega por tus venas.

"Contemplar este bastón, más valioso que tu vida, es una de mis mayores preocupaciones sin dejar atrás lo estupendamente bien que me combina con el fabuloso nudo de la corbata".
 Tal vez eso es lo que dirían los dandis que antiguamente componían nuestra sociedad junto a su mirada llena de hastío y tedio. 
Evadidos de la realidad, preocupados únicamente por su apariencia, por contemplar y reflejar de manera maquillada la belleza de las cosas que no resultan tan cautivantes a ojos del resto. Siendo todo lo contrario a un vivaracho, se encargan de demostrarnos que no existe nadie por encima de ellos, que ellos son la elegancia personificada.
Baudelaire, uno de los grandes ejemplos de este estilo junto a Oscar Wilde o Brummel se ocuparon en su día de escenificarnos que el buen gusto puede ir acompañado de la mano de alguien que pretende alejarse de las clases sociales y de lo convencional pese a estar inmerso en el hastío.

Literalmente podríamos definir junto a la RAE el término "dandi" o "dandy" -si lo preferís en inglés- como a una persona que se distingue por su extremada elegancia y buen tono.
Según este artículo, siguiendo diversos pasos podríamos llegar a convertirnos en los dandis perfectos. Comenta por encima sobre cómo la vida y el arte se han unido y han compuesto a un ser que se interesa solamente en sí mismo y en su apariencia. A su vez destaca la verdadera y oculta intención de los creadores del manual sobre el dandi ideal que no iba más allá de formar un decálogo. Claro está que sólo querían sacar un buen partido realizando un manual sobre este tema.



Continúa reflejando una frase en la que claramente Balzac asesina a los dandis al llamarles comunes ya que, según él, cuando una pequeña distinción frente a alguien se expande y comienza a volverse convencional, justo en ese momento, es cuando muere el dandi. Porque el dandi es un ser único e inigualable, un ser por encima de las masas, un ser que al ser clasificado como dandi automáticamente se ha cavado su propia tumba.

Me resulta graciosa la cuestión que se nos plantea en el artículo, concretamente la que dice "¿La moda mató al dandi, como dice Barthes?". Obviamente no.
El dandi y el dandismo continúan a día de hoy, nos siguen invadiendo, pero desde las sombras. Probablemente hubo una época en la que casi parecían exterminados. Quizás nos hicieron ver que estaban en peligro de extinción, sin embargo para nada era así.

Por supuesto que quedan dandis. Tú mismo tienes a un dandi introducido en lo más profundo de tu ser, no te engañes, no te evadas de la realidad. Acéptalo.


El propio Barney Stinson, se nos manifiesta como una especie de dandi en "How I met your mother".
Un dandi preocupado por su apariencia externa y por sí mismo, aunque con la pequeña gran diferencia de que este sí se preocupaba realmente por sus verdaderos amigos. Podría decirse que es un dandi, al que ciertamente el hecho de pertenecer a una clase social le es indiferente, ni le agrada ni le desagrada. Obviamente tiene su lado arrogante, sin embargo es un lado arrogante diferente, es una arrogancia con beldad, elegante y sin distinciones. Quizá sin ella no se mostraría tan genial a como es, no sería Barney Stinson. Un medio dandi, amigo de sus amigos.


Siempre ocupado en perfeccionar su apariencia, pese a que en su juventud tuviera más rasgos característicos de las tribus urbanas conocidas como "hippies". 
Su afán por arreglar cualquier tipo de imperfección en sí mismo no sólo lo hace para satisfacer a su moral y a su autoestima para sentirse mejor, sino que el dandismo llegó a su vida por varias circunstancias que le hicieron cambiar su manera de pensar. Circunstancias y situaciones que -para evitar el spoiler- me voy a abstener a relatar.


Evidentemente para ser un dandi es necesario invertir y poseer una gran cantidad de tiempo libre, algo que nos haga tener la oportunidad de ponernos a pensar aunque sea tan solo un poco en cómo vamos a ir o qué vamos a llevar puesto para destacar entre la multitud.
Por esa razón no todo el mundo es un dandi, no todo el mundo goza de un tiempo que le permita entrar en esos planteamientos y en esos dilemas de "mmm...a ver qué me voy a poner hoy" o en la típica pregunta que le haces al fantasma de tu habitación para saber si te proporciona alguna pista sobre la respuesta del "dóoonde está" la corbata de patitos que tanto odiabas ya pensada para poner en ese día debido a una apuesta perdida. 


Los dandis de hoy en día podría decirse que son los que pretenden llamar la atención, algo que siempre han llevado en sus rasgos característicos de verdaderos dandis, les encanta el protagonismo. Por esa razón, no sólo afecta en la adolescencia, no sólo son dandis todos aquellos adolescentes que experimentan con sus cuerpos la apariencia que verdaderamente quieren tener o desean mostrar. El dandismo afecta a todas a todas las razas y edades por igual.

Para finalizar he decidido recopilar varias frases del artículo que describen en parte al perfecto dandi.
Un dandi es:

 1. Fiel a sí mismo.


2. El último resplandor de heroísmo en decadencia.


3. El diablo con apariencia de hermoso adolescente.


4. La teatralidad. Escapar de la decepcionante realidad, estetizando la cotidianidad y convirtiendo la vida en una cuidada autopercepción.


5. No es sólo ropa y adorno, sino ideología. Manera de vivir, de estar a la contra. 


6. Con todos los pecados, perversidades y desvíos imaginables atribuidos, incluso los sexuales.


7. Un aristócrata individual.